Madrid, 22 de Noviembre

Se erige ante mí otro farragoso obstáculo. Al igual que otros anteriores, éste no sólo depende de mí, aunque estaré al pie del cañón hasta que sea necesario. Al igual que otros anteriores, requiere de paciencia, dedicación y mucha comprensión. Auxilia de comunicación y buenas direcciones y denosta cualquier especie de urgencia. Pero, a diferencia de otros obstáculos, éste lo percibo con más intensidad, con más dolor. Sin embargo, creo cómo combatir una de sus principales aflicciones: la rutina.
Las consecuencias del abuso de felicidad en el que se suele caer por el consumismo feroz, y sin medida, de sensaciones que avivan el espíritu pueden derivar en la gangrena cardiaca, en el hastío de pasiones. Éstas, pueden corroer a la ilusión y provocar sonrisas forzadas. La sensación de monotonía aparece cuando la capacidad de sorpresa se reduce a inocuas conversaciones de ascensor.
La buena noticia es que estoy a tiempo. Parto de una base sólida que aun no ha sido afectada. Esgrimo las armas necesarias para superar cualquier revés. No contemplo derrota y siento, con más intensidad que nunca, que no estoy sólo ante el peligro.

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