Madrid, 20 de Diciembre

Y me despertó Ámbar. Quizá hizo el papel de madre protectora o, simplemente, buscaba consuelo ante la ausencia de ella. Me incorporé y vi su cama deshecha, alborotada. Quise pensar que estaría haciendo café, o duchándose, pero me mentía. Me eché en cara no haberme levantado a las ocho para abrazarla y acompañarla hasta la puerta. Si lo hubiera hecho tendría un recuerdo más claro de su marcha y no el que tengo ahora. Ni siquiera recuerdo si le dije todo lo que la quiero. Ni siquiera recuerdo desearle unas felices y merecidas vacaciones. Ni siquiera recuerdo besarla con todas mis fuerzas. El sueño y el cansancio, compañeros egoístas, me privaron de los últimos segundos a su lado.
Me volví hacia Ámbar. La acaricié y le conté todo lo que me pasaba por la mente. Esta vez, lejos de huir o esconderse en algún recoveco, permaneció a mi lado. Escuchaba y maullaba lastimosamente. Creo que ella también era consciente de su marcha. Mientras me duchaba me contemplaba cabizbaja. Continuó persiguiéndome por la habitación mientras me vestía. Sentí como si ella le hubiera encomendado que me brindase un 'atendido' despertar.
Abrí la habitación y el silencio provocaba un eco muy molesto. Mi mente viajó cinco meses atrás. Entonces estaba en Encomienda. Ella se había levantado también al alba y el piso estaba vacío. Yacía en su cama con la angustia de tener que irme y despedirme de su compañía durante unas dos semanas. Deambulé desde la ventana hasta el baño buscando un hueco para dejarle unas palabras. Recogí mis cosas y me marché. Ahora hice prácticamente lo mismo, sólo que las palabras se las dejo aquí. Hasta la vuelta Zerua.

3 comentarios:

  1. Por primera vez me da por entrar en este blog y sí me los he leídos todos del tirón, sin duda son tuyos. Qiuén sino iba a escribir de esa forma tan recargada, adjetivada pero a su vez tan tagle. Espero que triunfes Dios sabe que lo deseo con mis todas mis fuerzas.

    Veo q escribes del amor que al parecer empiezas a dominar, pues ayudame a comprenderlo porque me supera, necesito una explicación, consuelo, necesito a un amigo, a tí. Uno de los jinetes del apocalipsis.

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  2. Probablemente esto sea lo más imperfecto que has escrito aquí pero egoístamente es lo que más me gusta.

    No me gusta marcharme y dejarte dormido, no me gusta saber que pasarán quince días hasta poder volver a verte, no me gusta recordar la horrible sensación de aquella mañana, cuando crucé la puerta sabiendo que al regresar tú ya no ibas a estar en mi casa...

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  3. Acabo de pensar que nuestra casa es como una burbuja de amor permanente -parecido a una cápsula del tiempo-. Tú la quieres a ella, ella a ti, Sara a Mele, Mele a Sara, yo a Aarón, Aarón a mí, nosotras entre nosotras, vosotros a nosotras, nosotras a vosotros, incluso, vosotros a vosotros mismos. Todos queremos a Ámbar y Ámbar podría ser que nos tuviera cierto cariño aunque le pongamos patas arriba su casa. Si hemos conseguido erradicar a las cucarachas no hay un hueco donde no haya amor y eso me gusta.

    Y llendo al tema, 15 días no son nada cuando sabes que a partir de Enero volvéis a veros a diario y a quereros como si fuera todavía primavera.

    P.D.: Día 26, comida facultativa. Un besote

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