Ya era hora. Me he despojado del aséptico disfraz de la solidaridad. Nunca me quedó bien... Quizá él no tuviera la culpa y, simplemente, fuera mi percha. Al fin y al cabo siempre me lo tomé como un denso desierto que atravesar para llegar al ansiado oasis. Jamás me creí ninguna de las historias que contaba, no porque fueran irreales, sino porque la suciedad que envuelve a las causas buenas siempre deja el pestazo a carteras engordadas. Mi garabato ponía fin a una farsa que, en las dos últimas semanas, se había vuelto más estéril que nunca, embriagándome de pesadumbre cada mañana.
Ahora queda esperar a la burocracia. No suena muy alentador pero puede que, con un poco de suerte, el nuevo año lo empiece con una larga lista de aventuras periodísticas apasionantes. Es lo que deseo, por lo que he luchado estos tres meses, y es una meta que no debe prolongarse más en el tiempo.
Como brindis a este 2009, me tomaré un respiro en esta aventura. Volveré a casa por Navidad. Además, el papel de hijo pródigo me produce un morbo nuevo, desconcertante. Diez días en los que trataré de recuperar recuerdos que se difuminan en la memoria. Rutinas que me hastiaban pero a las que echo de menos. Olvidar toda responsabilidad y jugar a ser un niño incontrolable e irremediablemente travieso. Emborracharme de vino y amigos. Cerrar bares, consumirme por la risas, despistarme en cada esquina. Cargar las pilas para disfrutar de un 2010 que promete, con unos ingredientes muy suculentos, felicidad.
Anda, no te cortes, habla de mujeres junto al vino y los amigos, niño travieso ;)
ResponderEliminarFeliz despedida a trabajos que no te merecen!!!
Y pese a todo no dejes de echarme de menos pobre golfo...
Zerua