La montaña rusa en la que estoy montado desde que llegué aquí parece que atisba una subida. Hay empresas que tienen miedo de que mis actividades (necesidades) periodísticas cercenen su libertad esclavizadora. Más de una sonrisa me arracaron ayer la déspota respuesta de algún que otro gabinete de comunicación. "Te podemos dar la versión oficial", suplicaba una voz al otro lado del teléfono. Mi cabeza lo tradujo sin eufemismos y provocó una chulesca contestación. "Ya la conozco, no se esfuerce". No lo hice por principios éticos periodísticos ya que, en aquel momento, no había nacido ni una sóla frase que pudieran temer. Más bien fue un ejercicio de venganza, repulsa y ¿por qué no?, también con una buena dosis de odio. Ya está bien de que la pirámide solo se desgaste por la base.
Con una ilusión de la que se sorprendió hasta el olvido, me lancé al ordenador. Vomité durante unas dos horas frases inconexas, tratando de exprimir al máximo las limitaciones de mi memoria. Traté, luego, de darle alguna que otra forma al estilo del texto y, en un presumido alarde, hasta llamé a algunos medios para buscarle un hueco a esas líneas.
Por otro lado, hoy me salió una entrevista como teleoperador. Sé que es macabramente obsceno alegrarse por un trabajo con tan pocos requisitos creativos, pero es incalificable no ser realista con la situación actual que me rodea. El genio tendrá que esperar. O transformarse. Esperemos que la entrevista llegue a buen puerto porque reportará tiempo, indispensable para cercar metas más gratificantes.
Pero como todo no podía ser bueno, la mala nueva es que alguna que otra empresa representante de ONGs sigue sin acordarse de mí. (Acepto piquetes para el lunes)
Me ofrezco como piquete!!! Rebelión en acción!!!
ResponderEliminarAmaia :)