Nuevo contrato para paliar la ansiedad profesional. Esa que espera una llamada que cada vez queda más lejos. Esa que se apodera de mí en los momentos de absoluta soledad. Esa que, además, es vocacional. Esa que se encarga, en ocasiones, de engarrotarme los nudillos para que no puedan dibujar palabras. Esa que, como sutil venganza, me recuerda que sólo hay un culpable y una causa.
Es dificil levantarse al alba sin esa vidilla que proporcionan los retos apasionantes, así que me disfrazo la realidad. No es algo nuevo, lo he hecho siempre, aunque cuando es por entretenimiento es más divertido que cuando se trata de supervivencia mental.
Sin embargo, estas preocupaciones nadan en la superficie. Lo verdaderamente sórdido es que llegue el día en el que el reloj de Sol marque las 15:30 y me sienta satisfecho por mi labor, orgulloso por mi trabajo, afortunado y dichoso. Ese día, habré bajado los brazos... Ese día habrá muerto el espíritu... Ese día no debe amanecer.
He vuelto a firmar tiempo... No lo puedo olvidar.
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