¡Qué hijos de puta! Esta es la expresión que más retumbó mi mente ayer. La empresa me obligó a disfrutar los cuatro días de vacaciones que me correspondían por dos meses de trabajo para no tener que pagármelos en el finiquito. De miércoles a sábado santo, cuando finaliza mi contrato. Sí, están leyendo bien, me dan vacaciones en días festivos y, para colmo, avisando con minutos de antelación, con lo que de poco me sirve esta aciaga mañana de miércoles, mas que para perder dinero.
La maquiavélica jugada estaba pensada desde hace, al menos, una semana, pero lejos de avisarme para poder disfrutar de la Semana Santa completa, esperaron a las 14:55 de ayer para comunicármelo.
Para poner la guinda a la conversación más cínica que recuerdo, me instaron a llamar para poder cobrar tanto el finiquito como los tres días de abril que tenía firmado. Ya llevo tres llamadas con el mismo resultado: 'buzón movistar'. Encima no cobraré la nomina de marzo hasta después de las fiestas, por lo que se convertirán en austeras.
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