Una vez escuché a un artista cantar al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. Hoy estoy seguro de que podía estar hablando de cualquier parte del mundo, menos de Sevilla. Y eso que la sorprendí deprimida y agriada por la cantidad ingente de lluvias que la están azotando. Pero incluso cuando las comisuras de sus calles no resplandecen de alegría, la solera aún persiste en sus rincones y en sus gentes.
Tras una escueta y húmeda noche de viernes, nació un sábado del que llevaba anhelando su llegada desde hacía un mes. Todo comenzó con una comida familiar, de esas que antaño sólo me producían una pereza controlada, pero que ahora las disfruto casi como un patriarca gitano. La herencia genética ataca cuando más lejos estás de su rutina, 'man que me pese'. Los únicos que no estuvieron a la altura de las circunstancias fueron los alimentos, aunque también es cierto que era a los que menos valoraba de la reunión. Tras la sobremesa, puse rumbo hacia el barrio Santa Cruz para aliviar una espinita clavada en la voracidad artística de ella: el Alcázar. Reconozco que no disfruté, como en otras ocasiones, de su experiencia artística, pero es que tenía puesta la cabeza en la noche que se avecinaba. Antes de regresar a casa para preparar la fiesta nocturna hicimos una parada obligatoria: el Perejil. Volví a degustar con ella el vino de naranja mientras recreaba mi memoria con miradas tímidas y expectantes. Fue un deja vú orgásmico, una prueba irrefutable de la felicidad añadida que me acompaña desde hace casi once meses.
Tras ese paréntesis, volvieron a aflorar mis nervios. Quería verlos a todos, sin excepción, disfrutarlos, contagiarme de chorradas que desengrasan las necesidades del reir por reir. Hartarme de vicios poco saludables, perder el control por los bares de siempre con la compañía de los de toda la vida. Comprobar que, aunque casi todo es diferente, apenas ha cambiado nada porque, a la hora de mi verdad, respondieron todos sin excepción o excusas. Fue una noche inolvidable, de las que habrá que repetir con la única intención de superarla.
El domingo no existió, pero mereció la pena empeñarlo.
Te lo merecías y este espacio se merecía una entrada así, que provoque placer.
ResponderEliminarPD: No me he reído nada con lo del hombre gitano xD
PD2: Cómo pasaste de mí en el Alcázar. Pero te perdono :P