Madrid, 13 de Abril

Hace casi un año estaba haciendo las maletas para cruzar el charco. Todavía estudiaba, tenía trabajo como periodista, pasaba las noches despierto, perdido en algún bareto, al borde de la sobredosis y con alguna bella durmiente del brazo que creía haber encontrado al príncipe azul. Hace casi un año vivía con mis padres, sin más preocupación que recaudar cinco euros al día para tabaco y algún café. Perdía el tiempo disfrutando de una inolvidable esquina por la que rotaban los personajes dispares, benditos hijos de puta, que han adornado mi vida. Hace casi un año ya soñaba con una emancipación incipiente y prometedora. Se deleitaba mi imaginación con un estudio pequeño, repleto de soledades inspiradoras, que odiase las reglas del reloj. Construía un trabajo a mi medida, uno que sólo me robase unas horas por la tarde y por el que me pagarían lo necesario para continuar el sueño del escritor bohemio.
Ahora, estoy en paro indefinido. Con un reloj sincronizado con la cuenta bancaria que me recuerda la fragilidad del sueño. Mi estudio se ha reducido a un zulo en el que las musas se sienten incómodas ante la frialdad que suscita. Mi formación académica se ha reducido a un curso poco atractivo a través de internet. Las noches las suelo pasar encamado y todavía no he encontrado una esquina que imite a aquellas escaleras, flanquedas por unos arbustos y un cartel azul con unas letras amarillas que iluminaban la palabra prensa. Hasta esa nimiedad es irónica. Ahora son necesarios más de cinco euros diarios, y no sólo porque el tabaco ha subido y el café aquí es más caro, sino porque mi agenda diaria se ha inundado de aspectos que jamás había tenido en cuenta.
Y a pesar de que el panorama actual dista dantescamente del imaginarium de hace un año, las ganas de proseguir la aventura no se han visto afectadas. A pesar de que existan días en los que hubiera deseado no despertar, siempre aparece el muelle que me impulsa hacia la puerta. El positivismo aún tiene una suite reservada a mi nombre y la razón principal de comenzar esta aventura en aquel momento me recuerda mi acierto en cada mirada.

2 comentarios:

  1. Jamás vuelvas a dudar de ti, de tu capacidad de emocionar y de tu talento como escritor. O te prometo que te pego.

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  2. Matizo lo dicho, creo que te pegaré de todas formas.
    :P

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