Madrid, 5 de Abril

Me tiemblan los nudillos y se me atraganta el espíritu creativo cada vez que lo pienso. El miedo a malgastar la bala de plata del tambor de los fracaso agarrota cualquier iniciativa. He vuelto a borrar una página de word pero esta vez, a diferencia de muchas otras, no lo hecho bajo el convencimiento total de estar desechando una obra por inconclusa, incoherente o con una absoluta falta de rigor, si no por la atroz cobardía del que no es capaz de asumir sus propios riesgos. Y no lo cuento por buscar la compasión o el ánimo, más bien lo hago por fustigarme. Por recordarme, cada vez que lea este popurrí de palabras, que cada vez que subraye sin compasión un puñado de letras con el ratón y pulse, con un miedo disfrazado de rabia, la tecla 'delete', sólo estoy vanalizando y desprestigiando a las musas que quisieron hacer acto de presencia.
He empeñado el futuro cercano, el más fatuo de mi vida, en luchar por alcanzar la meta más preciada, esa con la que he soñado prácticamente desde niño, y me siento débil e indefenso, carcomido por los terrores internos que atosigan cualquier impulso de autorrealización. Ahora tengo claro que soy mi peor enemigo porque, cada vez que intento consolarme con argumentos falaces y vacuos, sé que me miento descaradamente.
Pero seré paciente. Hoy es mi primer día y si de algo sirve ser tu íntimo rival, es que se sabe a la perfección cuando la osada cobardía tiene las armas desafiladas.

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