Madrid, 21 de Enero

¿Qué se puede escribir cuando la miserable rutina hastía cualquier intento de creación? Quizá se pueda hablar de inhóspitas webs de empleo basura, conversaciones inocuas y banales de salón, de cerveza y hachís como placebos o de horas que retrasan su paso para restregarte soledad interior.
Aferro mis fuerzas a cursos gratuitos, a paseos a la deriva, a abrazos reconfortantes. Pero necesito una ocupación real. Algo que distraiga a la mente para no dejarle hace su 'hara-kiri' diario y particular. Algo que no me escupa a la cara la necedad de un sistema del que prometieron prosperidad y sólo devuelve fracaso.
El tiempo pasa sin pena ni gloria y ya no sé qué hacer. Hoy me desperté temprano, sobre las nueve. Me duché y salí a buscar el trabajo que niega infojobs, primerempleo o cualquiera de estas páginas. El resultado, similar aunque con algún dolor de pie más. Quizá debiera darle alguna oportunidad más a este método, al fin y al cabo, han sido sólo tres o cuatro horas de colección de negaciones.
Al terminar esta peregrinación, que requiere más fe que las religosas, decidí comprobar si mis esfuerzos anteriores se habían traducido en un incremento en mi cuenta bancaria. Fue sarcástico comprobar que hasta las ONGs se han olvidado de mí. Después de mi cara poética de incredulidad frente a la pantalla del cajero automático, me he asegurado que mañana me van a escuchar en Begoña. Basta ya de poner la otra mejilla a no ser que sean unos labios los que la demanden. Menos mal que pude recoger limosna de Almagro 28, ya que lo que realmente demando de esa dirección, en el mejor de los casos, aún se hará esperar.

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