Madrid, 1 de Diciembre

Tan establecido me encuentro que ya ejerzo de anfitrión ante los que, hasta hace bien poco, custodiaban mi vida. Tranquilo y sereno me bebo una ciudad a la que le voy cercando sus recovecos. Espero con ansiedad una llamada que avive el espíritu profesional, que impida que me mienta vulgarmente a la cara en busca de amparo moral, aunque esa ansiedad ya no se presenta ataviada con el disfraz de la supervivencia.
Ya no acoso desesperado las páginas de empleos y espejismos laborales. Ya no me lamento rutinariamente a escondidas. He recuperado la egoista pasión por mi tiempo, por mis manchurrones retóricos en folios olvidados, por lecturas de párrafos desgastados por mis pupilas. Ha vuelto a volar mi imaginación, he vuelto a montar sórdidas orgías con mis musas con la única finalidad del orgasmo creativo de antaño.
Ha vuelto la energía primaveral tras la batalla... No dudaba en la victoria, pero me angustiaba la posibilidad de derrota. Ahora sé que la nave aguantará más tempestades de las que, al zarpar del Golfo de Cádiz, le habían pronosticado.
Supongo que este revés a la espiral melancólica lo ha precipitado la justa venganza del tiempo, siempre tan criticado. Su alegato ha sido contundente y sin posibilidad de réplica. 2009 trajo demasiadas cosas maravillosas como para no brindar con él en el estertor al que siempre recuerda Diciembre.

1 comentario:

  1. muy bueno, pero eres demasiado barroco en tus escritos, pero como siempre,cada dia me sorprendes mas, engañas con tu literatura.

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